Querido diario

Ella me abre cada vez que me necesita, no importa la hora, el lugar, el clima o el acompañante; me usa indiscriminadamente para plasmar sus más íntimos pensamientos, acciones y deseos. Ella marca mi piel como si fuera suya, con suma delicadeza pero sin previo aviso, y no sabe que, de alguna manera, soy yo el que le da vida a ella, no sabe que me necesita y al mismo tiempo puede despreciarme como le plazca según esas intenciones en mi corteza, no sabe que ella es a través de mí y al mismo tiempo soy lo que ella no conoce de ella misma, porque yo sí la escucho, yo sí me preocupo, no como tanto escribe y reniega de los demás. Quisiera escribirle de vuelta, responderle; quisiera comunicarle que soy parte suya pero también parte mía y me duele ese desprecio automático por conocerme, por darme una oportunidad; quiero pero no puedo, no sé cómo hacerlo, no tengo los elementos, a ella no le interesa, a ella yo no le intereso, solo siente un cariño creado a través del tiempo y por mi incondicional apoyo. Ella cree que solo existo cuando está ahí y, a veces, tiene razón, a veces solo la espero y recibo con un poco de intuición lo que me cuenta. Estoy muy cansado, estoy envejeciendo, no quiero ser más su sombra, su producto; estaría decidido a cambiar si tuviera la más mínima alternativa, pero tengo muy claro que simplemente no puedo, no nací para eso, nací para ella y eso ella tampoco lo sabe y ahora tampoco lo sabrá. Pronto acabará mi paso por su vida, tendré un aliviador descanso y, aunque siento que la odio un poco, la extrañaré; será un infierno no tenerla. Ella está dando la estucada final y no le importa, no le molesta contarme que habrá alguien más después de mí, me lo reitera. Son los últimos renglones y ella escribe en mí: Querido diario,…

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