Un amigo que nos quitó la vida
El día estuvo muy breve, no cruzamos muchas palabras, pero sí estuvimos todo el tiempo en el mismo espacio. Me saludó como de costumbre, estaba vestido como de costumbre, me abrazó como de costumbre y me preguntó lo que me suele preguntar. Se sentía que andaba bajito de nota y todos sabíamos porqué, pero de alguna manera seguía integrado a las dinámicas del grupo: riéndose, hablando... Como persona ansiosa y depresiva, no quería torturarlo con el diálogo, fluyeron otro tipo de conversaciones y creía que estaba bien. Habló naturalmente de planes en vacaciones y aunque la proyección a futuro suele ser pantalla en suicidas, me pareció genuino. Hice que me cargara el bolso hasta el metro porque pesaba toneladas y no puso problema, pero en realidad ahora me hace sentir culpable que yo no estuviera tampoco presente con él en ese recorrido porque estaba lidiando con mis propias angustias. A una hora muy extraña comenzaron las decisiones radicales. Cerró redes sociales, terminó con la no...