Guachaca
Es la tarde perfecta –pienso-, con la impecable luz de las 5:43 de la
tarde en mi cuerpo, la estupenda brisa tibia
que me despeina de la manera correcta para darle un toque místico y bohemio a
mi pinta (el bikini de color negro más diminuto que pude encontrar), tomo agua
de coco con pitillo porque no se me puede olvidar de dónde vengo, siento con
cariño la arena que ocupa mi piel, escucho únicamente el melodioso y completo
sonido de las olas que llegan a unos pocos centímetros de mis pies, estoy sola
y no hay mejor compañía que mi felicidad al conocer por fin este lugar.
Es la tarde perfecta –pienso-, esa luz tan hermosa de las 5:43 de la
tarde la hace ver como una diosa, con cabello despeinado y todo, ese cuerpo tan
tranquilo y natural en medio de este paraíso, ese vestido de baño que parece
hecho especialmente para ella, sus ojos perdiditos en cualquier profundo
pensamiento mientras toma agua de coco, me imagino, disfrutando el momento, y
yo acá apreciándola.
Es el viaje perfecto –pienso-, cada detalle, en que se tomó la molestia
de pensar, es perfecto, no sé lo que está pensando pero parece feliz con ese
pensamiento, sólo le agradezco estar aquí, conmigo, es ella la que lo hace
especial, lugares hermosos hay en todo el mundo, pero ella aquí es lo que me
hace suspirar de amor. Le hablaré un rato antes de pararnos de aquí para ir a
cenar.
De la profunda meditación de mis
pensamientos me distrae un hombre:
-Mi vida, ¿en qué piensas?
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