La conquista
Las conchas en la arena, las algas que venían con las olas, los cangrejos que se movían junto al viento, las gaviotas que combinaban con el atardecer, todo era como cualquier otra cosa. Colores suaves en el cielo, tropicales, entusiastas; de formas abstractas y olores salados y frutales. Una isla, una de tantas que conformaban Cabo Verde, en África, en la que habitaban alrededor de 300 personas. Temperaturas entre 29 y 35 grados Celsius a principios del siglo XV. Ínsula tranquila y con la cantidad suficiente de personas como para que Iniko nunca se aburriera. Iniko era una mujer despampanante y llena de vida; no existía hombre que no la admirara, deseara o cortejara y, aunque sensata e inteligente, también era terca y malgeniada. Estaba comenzando sus veintes. Sus deberes estaban en el mar, recolectando pescado para la alimentación de la isla. No trabajaba sola, así creyera que podía. Era ágil, fuerte y no existía discriminación por su gé...