Mañana

Será un día como cualquier otro, ella pasará su tiempo perdida entre ocupaciones y preocupaciones. Se reencontrará en la noche con viejos amigos, en el lugar que los unirá y les enseñará a quererse. En una reunión corriente donde se esperarán chismes y uno que otro reclamo, se asombrará al encontrar la sorpresa que le han preparado. Para romper la costumbre, ella será el blanco de mensajes de amor -para algunos forzosos-, que le recordarán un poco que deberá confiar en ella y quererse más y más a menudo, la harán sentir abrigada entre tanto desasosiego. Al terminar, saldrá en silencio del lugar -tal cual ella es-, y esperará que nadie la detenga. No le importará que esté lloviendo, pues sentirá necesitar la tortura de las gotas frías en su cara para agradecer no haberse quitado la vida, como lo quiso poco antes. Pisará sin precaución cada charco por el que pasará, se mojará los zapatos, las medias, los pies, el alma. No estará triste, pero una burbuja de pensamientos y recuerdos no le harán amena la caminata hasta su casa, al otro lado de la ciudad. Sentirá vergüenza al pasar por los bares de las principales avenidas porque la gente sentirá lástima de que esté mojada pero no de que esté llorando porque sus lágrimas se camuflarán con la tormenta. En el trayecto pasará también por el lugar en el que creyó en el amor por segunda vez y sonreirá todavía con incredulidad, con escepticismo, porque la primera persona que la sumergió en el sentimiento estará en la misma reunión hablando de lo maravillosa que es. Finalmente, ella llegará a su hogar empapada de melancolía y nadie lo notará, se acostará en su cama, dejará de llorar y se quedará dormida.

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