Entradas

M.

Comparto contigo la jartera de ser celebrado por un día que finalmente tiene que ser corriente y como cualquier otro, sin embargo, mi lenguaje del amor es poner a las personas estúpidamente incómodas, pero no al punto de llegar a odiar que yo sepa su fecha de cumpleaños (es una línea muy delgada que contigo me importa una verga sobrepasar). Además, es la excusa perfecta para mostrarte mi talento escribiendo pendejadas, mientras le agradezco a tu mamá por tu existencia.  Ahora sí en serio, desde el principio fuiste un salvavidas y el único con el que podía ser honesta sin miedo a ser renunciada; tal vez la relación haya escalado sólo porque eres una perra que no sabe decir que no, yo la planeaactividades3000 y fácilmente te arrastré incluso hasta otras ciudades no teniendo ni puta idea de para dónde ibas ni a hacer qué (ahora que lo pienso, debí secuestrarte y pedir 5lk para el rescate). Pero sea lo que sea, es la ocasión para decirte que sin ti mi vida sería muy chimba igual, pero ...

Un día normal

Madrugué a bañarme con agua fría y ni siquiera sé cómo sobrevivió el buen genio. Iba a compartir con un montón de personas que no conocía, entonces me vestí diva y actué todo el tiempo indiferente, pero todos sabemos que por dentro me estaba muriendo de los nervios y rezando por ni tropezarme. La primera persona que se presentó fue Federico. Tengo que reconocer que de inmediato imaginé que no íbamos a tener buena relación. Era Federico, ingeniero de la UPB, vestido de cardigan, y de cabello mono que nunca había conocido la caspa, seguro. Resultamos haciendo una exitosa máquina de Rube Goldberg y si alguna vez me subestimó por mi conocimiento específico, no se le notó. Fue buen conversador y se rió de mis chistes, finalmente resultó siendo muy amable, nos tomamos fotos juntos y se despidió con un "nos vemos el viernes". Corrí para tener tiempo de ver a mi mejor amiga aunque fueran dos minutos y de ahí a una reunión de la OEA. Llegué dos minutos antes y aún así había llegado...

Un amigo que nos quitó la vida

El día estuvo muy breve, no cruzamos muchas palabras, pero sí estuvimos todo el tiempo en el mismo espacio. Me saludó como de costumbre, estaba vestido como de costumbre, me abrazó como de costumbre y me preguntó lo que me suele preguntar. Se sentía que andaba bajito de nota y todos sabíamos porqué, pero de alguna manera seguía integrado a las dinámicas del grupo: riéndose, hablando... Como persona ansiosa y depresiva, no quería torturarlo con el diálogo, fluyeron otro tipo de conversaciones y creía que estaba bien. Habló naturalmente de planes en vacaciones y aunque la proyección a futuro suele ser pantalla en suicidas, me pareció genuino. Hice que me cargara el bolso hasta el metro porque pesaba toneladas y no puso problema, pero en realidad ahora me hace sentir culpable que yo no estuviera tampoco presente con él en ese recorrido porque estaba lidiando con mis propias angustias. A una hora muy extraña comenzaron las decisiones radicales. Cerró redes sociales, terminó con la no...

Euforia

Ayer tuve que volver a la que fue mi habitación cuando tenía 6 años. Tuve que hacer mi visita mientras la niña que duerme en esa habitación estaba castigada por una de las tantas peleas que no pararía de tener con el hermano. Como castigo, no podía jugar y tenía que leer algo, pero esa sería la tercera vez que leyera Las Brujas de Roald Dahl, entonces decidió inventarse algo que hacer. Algo que siempre había querido aprender era a hacerse trenzas, nunca lo había intentado entonces sacó tres hilos de alguna parte y comenzó a experimentar por su cuenta. Ella aprendió sola, pero en esta ocasión, tuve la oportunidad de llegar a la habitación antes de que aprendiera y le di lo único que ella hubiera querido en ese momento, que en realidad no era aprender a hacer trenzas; sino que fuera su mamá la que estuviera ahí acariciándole el cabello mientras le explicaba cómo tejer su cabello de una forma bonita.  Yo fui la mamá, yo fui mi mamá y abracé a esa niña que tuvo que crecer sola y que ...

Some are happy being unhappy

     Francesco Adatto was a clever, but naive young man who always believed he could make of his city a better place for everybody; well, at least he thought so. He was not aware that his critic behaviour was annoying and stressing the other people because in this city everything was actually going perfectly fine: the citizens sometimes complained about small things, but they were satisfied with what was happening mostly and did not think change was necessary. Adatto was the only one who could not mind his own matters; he always disturbed others with his comments like the time when they were suffering hunger due to the irresponsibility of the mayor and he said all of them together should have asked for his resignation for incompetence.      Other day, Marcellina's people were complaining about the delay of the mayor in giving money for education and health and Francesco Adatto was there to told people that they had to fight for their right...

Our hearts can do better than this

Ella me escribió: Te está haciendo parecer la culpable. Ella no tenía razón, él me estaba haciendo SENTIR la culpable. Estoy posiblemente en una etapa en la que todavía me falta mucha mierda por masticar y él lo sabe. No quiero estar cerca ni hablar con nadie y él también lo sabe.  Vive a menos de quince minutos, pero se demoró cuatro días en llegar. Antes de abrirle, me convenció que venía a hablar. Entró, me hizo reclamos, comenzó a subir el tono y ahora era mi culpa que él por su cuenta hubiera tomado la decisión de venir, era mi culpa que yo no quisiera hablar, dijo: espero que no haya estado con ese malparido, yo no le voy a rogar más para que me hable, no le voy a escribir más; y tiró la puerta.  Esos tres minutos en los que estuvo aquí yo no pronuncié una sola palabra y aún así él hizo sus asunciones, se molestó y todo fue mi culpa.  Cada vez que subía el tono sólo me lo imaginaba matándome a golpes. Sí, tal vez todavía no he superado ese asunto, tampoco es me...

Morcilla

No he sido amante de la carne, sin embargo como algunas cosas que a mi parecer son deliciosas. Cuando era pequeña, la morcilla era una de esas comidas y me gustaban porque no sabía ni cómo la hacían ni qué parte de qué animal era. Y bueno, dejó de ser una de esas comidas cuando me di cuenta. Pero sigue siendo evento y tema de conversación la manera en la que le hice entender a mi familia que no iba a volver a comer morcilla. Me encantaba y la comía con todo hasta que vi cómo la hacían y dije: hasta aquí. No quería herir los sentimientos de nadie y no estaba segura de que fuera algo que uno podía rechazar, por lo que la siguiente vez que me sirvieron morcilla, intenté intercambiarla con alguien más en la mesa, intenté convencerlos de que estaba llena, intenté chantajear a un primo para lavarle el plato si se la comía, pero él ya también estaba asqueado (los dos habíamos visto lo mismo). Cerca al comedor estaba el bifé, como buen hogar paisa, y es este mueble de madera en el que se g...