Un día normal
Madrugué a bañarme con agua fría y ni siquiera sé cómo sobrevivió el buen genio. Iba a compartir con un montón de personas que no conocía, entonces me vestí diva y actué todo el tiempo indiferente, pero todos sabemos que por dentro me estaba muriendo de los nervios y rezando por ni tropezarme. La primera persona que se presentó fue Federico. Tengo que reconocer que de inmediato imaginé que no íbamos a tener buena relación. Era Federico, ingeniero de la UPB, vestido de cardigan, y de cabello mono que nunca había conocido la caspa, seguro. Resultamos haciendo una exitosa máquina de Rube Goldberg y si alguna vez me subestimó por mi conocimiento específico, no se le notó. Fue buen conversador y se rió de mis chistes, finalmente resultó siendo muy amable, nos tomamos fotos juntos y se despidió con un "nos vemos el viernes".
Corrí para tener tiempo de ver a mi mejor amiga aunque fueran dos minutos y de ahí a una reunión de la OEA. Llegué dos minutos antes y aún así había llegado tarde porque ya todos estaban ahí. No habían más sillas para sentarse entonces hice el chiste de que nos cargáramos como para romper mis propios nervios porque nuevamente estaba reunida con un montón de gente que no conocía, pero nadie se rió. Fueron a buscar sillas, yo hice como si nada hubiera pasado y me senté al lado de un muchacho. Comenzamos por presentarnos, todo en inglés, y yo ni le había visto la cara al muchacho porque estaba preocupada por lo que iba a decir. Fue su turno de hablar, su nombre era Ian, estudiante de derecho, venezolano, con un acento y pronunciación estúpidamente espectacular entonces lo miré y me di cuenta que era lindo. Me sentí como una idiota por haberlo ignorado todo ese rato y cuando iba a cruzar mis piernas, le ensucié el pantalón con las botas. Madre mía, había pasado de desconocida a desconocida que lo ensució. Traté de limpiarlo y le pedí disculpas, pero muy tranquilo me dijo que no pasaba nada. Conocía poco de Medellín, entonces cuando se mencionaba algún lugar, me preguntaba al oído dónde quedaba. Salimos de la reunión, nos quedamos hablando en un hermoso pasillo de un piso 13, me dijo que le encantaba la vista, nos tomamos fotos y resultamos caminando juntos hacia el próximo lugar al que me dirigía. Yo sentía que había librado la tortuosa bañada con ese tipo tan interesante. Igual uno es muy interesante recién te conocen, entonces quiero aclarar que estaba eclipsada, pero de una manera razonable.
Se hizo de noche, fui a visitar a mi tía donde trabaja y esperaba absolutamente nada de esa noche. Había poquita gente, conversamos y de repente vió que venía un señor. Señor porque parecía en sus treintas. Lindo, pero para nada mi tipo.
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