Chanchan
Conocí una italiana que me está volviendo loca.
La conocí en una electiva, se llama María Camila, es italocolombiana, no sé cuántos años tiene y está en primer semestre de Derecho, después de haber pasado por uno de Arquitectura. Tiene las manos que siempre he soñado, es de contextura delgada, no mide mucho más que yo, su piel es muy blanca y sé que ha viajado por el mundo porque la stalkeé en redes apenas me le aprendí el nombre.
Desde que la vi me enamoré perdidamente, pero eso para mí, además de normal, es suficiente. Nunca me imaginé que llegaría a cruzar palabra con ella siquiera, pero desde el principio nos tocó hacer un trabajo juntas. Es muy llevada de su parecer, casi que perfeccionista, usa bastante bien la razón y su letra es muy estilizada.
Desde eso siempre hemos hecho los trabajos grupales juntas, es como una obligación moral de la una con la otra siempre contar con ella primero, de esos pactos humanos que sirven en la vida. Aunque opino y me acoplo bien al tema porque, tengo que reconocer, para mí es demasiado sencillo; ella siempre termina liderando la escritura, la exposición, la argumentación.
Es verdaderamente aplicada, se expresa de manera pulcra, casi que uno puede sentir que está por encima de uno. Llega puntual así esté lloviendo -yo eso se lo adjudico al carro- y se pone roja cuando le da risa.
Es muy buena para la memoria y alguna vez llegó preocupada a clase porque, luego de esa, tenía un parcial que era de pura memoria. Sólo por parcería le dije que practicara conmigo lo que se había aprendido y ahí fue que noté, de verdad, esos ojos grandísimos que tiene.
Pues casi que sin parpadear, me recitó todo el mapa conceptual que había hecho -eso no era parte de la nota- para aprenderse de memoria todo más fácil. No me acuerdo de que me hablaba, pero en ese momento sí sentí la obligación de prestarle atención y hasta le hice un par de preguntas en el proceso. Lastimosamente yo no estaba interesada en escucharla, yo sólo estaba perdida en esa mirada como atadora. Estaba muy concentrada y se reía de vez en cuando, pero nunca me quitaba la mirada y llegó a ser intimidante aunque me hubiera gustado que lo hiciera.
Es de esas mujeres de energías extrañas, que no sabes cómo ni por qué, pero te atraen. No me malinterpreten, ella es hermosísima, pero sé que no me gusta por eso. Tal vez yo sólo esté empeliculada con la vibración de la pelada, pero siento que es así conmigo intencionalmente. O sea, es coqueta sin pena, es directa sin pena, es comandante sin pena.
Obviamente no tengo idea de sus preferencias sexuales y no parece ser de una compatible a las mías, pero la esperanza es lo último que se pierde.
La semana pasada no fue a clase, aún así la anoté en el trabajo de grupo y hoy llegó algo tarde. Los primeros minutos de clase sólo pude pensar en ella y esperaba que no hubiera cancelado la materia porque no la iba a volver a ver...
Pues ha llegado y se ha sentado detrás de mí, se acercó a mi oído y me dijo pasito: Hola. Yo ya estaba medio temblando de la emoción, pero mi reacción fue un poco más natural, gracias a Jesucristo y me giré y le respondí: Hola, ¿cómo estás? Y era primera vez que la veía con el cabellos suelto, como recién lavado, oliendo delicioso y esas formitas de los crespos eran perfectas, se los juro, provocaba sólo acariciarla.
Volvió a poner esa mirada profunda y me respondió, sin quitarme la mirada: DEMASIADO bien -haciendo énfasis en la palabra 'demasiado' por una razón que todavía no descifro-, ¿y tú? Yo no le había terminado de decir 'Bien' cuando ella ahí mismo me dijo: Me encanta tu vestido. Ahí ya no pude controlar la estupidez y quería responderle 'A mi me encantas tú', pero yo no soy así, otra vez gracias a Jesucristo; entonces lamentablemente salí con el: ja ja, gracias. Obvio de esas risas incómodas que son imposibles de disimular...
Aunque lo intenté hablándole del trabajo en grupo que teníamos y al cual la había anotado sin su consentimiento y sólo me dijo: No cambiaría el trabajar contigo, tranquila. ¿Tranquila? ¡¡Eso suena como al mejor piropo que le pueden echar a uno en clase, pero dale, yo voy a tratar de estar tranquila!! Obvio sólo me reí genuinamente y ya algo coqueta también.
Vean, no hay conclusión, me encanta estar en esa clase con ella, me encanta que me hable, me encanta que le parezca que no digo nada irrelevante, me encanta ella y su intento por no seguirme la corriente con respuestas bobas a exámenes porque yo no soy nada seria. No creo que quiera arriesgarme y salir con ella, no creo que pase algo más, no creo que lleguemos a otra parte y ni siquiera sé si quisiera, sólo quería compartirles la maravilla de mujer con la que me he cruzado.
La conocí en una electiva, se llama María Camila, es italocolombiana, no sé cuántos años tiene y está en primer semestre de Derecho, después de haber pasado por uno de Arquitectura. Tiene las manos que siempre he soñado, es de contextura delgada, no mide mucho más que yo, su piel es muy blanca y sé que ha viajado por el mundo porque la stalkeé en redes apenas me le aprendí el nombre.
Desde que la vi me enamoré perdidamente, pero eso para mí, además de normal, es suficiente. Nunca me imaginé que llegaría a cruzar palabra con ella siquiera, pero desde el principio nos tocó hacer un trabajo juntas. Es muy llevada de su parecer, casi que perfeccionista, usa bastante bien la razón y su letra es muy estilizada.
Desde eso siempre hemos hecho los trabajos grupales juntas, es como una obligación moral de la una con la otra siempre contar con ella primero, de esos pactos humanos que sirven en la vida. Aunque opino y me acoplo bien al tema porque, tengo que reconocer, para mí es demasiado sencillo; ella siempre termina liderando la escritura, la exposición, la argumentación.
Es verdaderamente aplicada, se expresa de manera pulcra, casi que uno puede sentir que está por encima de uno. Llega puntual así esté lloviendo -yo eso se lo adjudico al carro- y se pone roja cuando le da risa.
Es muy buena para la memoria y alguna vez llegó preocupada a clase porque, luego de esa, tenía un parcial que era de pura memoria. Sólo por parcería le dije que practicara conmigo lo que se había aprendido y ahí fue que noté, de verdad, esos ojos grandísimos que tiene.
Pues casi que sin parpadear, me recitó todo el mapa conceptual que había hecho -eso no era parte de la nota- para aprenderse de memoria todo más fácil. No me acuerdo de que me hablaba, pero en ese momento sí sentí la obligación de prestarle atención y hasta le hice un par de preguntas en el proceso. Lastimosamente yo no estaba interesada en escucharla, yo sólo estaba perdida en esa mirada como atadora. Estaba muy concentrada y se reía de vez en cuando, pero nunca me quitaba la mirada y llegó a ser intimidante aunque me hubiera gustado que lo hiciera.
Es de esas mujeres de energías extrañas, que no sabes cómo ni por qué, pero te atraen. No me malinterpreten, ella es hermosísima, pero sé que no me gusta por eso. Tal vez yo sólo esté empeliculada con la vibración de la pelada, pero siento que es así conmigo intencionalmente. O sea, es coqueta sin pena, es directa sin pena, es comandante sin pena.
Obviamente no tengo idea de sus preferencias sexuales y no parece ser de una compatible a las mías, pero la esperanza es lo último que se pierde.
La semana pasada no fue a clase, aún así la anoté en el trabajo de grupo y hoy llegó algo tarde. Los primeros minutos de clase sólo pude pensar en ella y esperaba que no hubiera cancelado la materia porque no la iba a volver a ver...
Pues ha llegado y se ha sentado detrás de mí, se acercó a mi oído y me dijo pasito: Hola. Yo ya estaba medio temblando de la emoción, pero mi reacción fue un poco más natural, gracias a Jesucristo y me giré y le respondí: Hola, ¿cómo estás? Y era primera vez que la veía con el cabellos suelto, como recién lavado, oliendo delicioso y esas formitas de los crespos eran perfectas, se los juro, provocaba sólo acariciarla.
Volvió a poner esa mirada profunda y me respondió, sin quitarme la mirada: DEMASIADO bien -haciendo énfasis en la palabra 'demasiado' por una razón que todavía no descifro-, ¿y tú? Yo no le había terminado de decir 'Bien' cuando ella ahí mismo me dijo: Me encanta tu vestido. Ahí ya no pude controlar la estupidez y quería responderle 'A mi me encantas tú', pero yo no soy así, otra vez gracias a Jesucristo; entonces lamentablemente salí con el: ja ja, gracias. Obvio de esas risas incómodas que son imposibles de disimular...
Aunque lo intenté hablándole del trabajo en grupo que teníamos y al cual la había anotado sin su consentimiento y sólo me dijo: No cambiaría el trabajar contigo, tranquila. ¿Tranquila? ¡¡Eso suena como al mejor piropo que le pueden echar a uno en clase, pero dale, yo voy a tratar de estar tranquila!! Obvio sólo me reí genuinamente y ya algo coqueta también.
Vean, no hay conclusión, me encanta estar en esa clase con ella, me encanta que me hable, me encanta que le parezca que no digo nada irrelevante, me encanta ella y su intento por no seguirme la corriente con respuestas bobas a exámenes porque yo no soy nada seria. No creo que quiera arriesgarme y salir con ella, no creo que pase algo más, no creo que lleguemos a otra parte y ni siquiera sé si quisiera, sólo quería compartirles la maravilla de mujer con la que me he cruzado.
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