Gorditos

En estos días estuve en una reunión familiar porque mi primo favorito estaba cumpliendo años. Es una celebración muy típica donde se canta el cumpleaños, se come torta y se conversa. Mi primo tuvo una jornada muy larga de trabajo entonces estuvo casi que dormido todo el tiempo por lo que el tema de conversación pasé a ser yo -soy como la novedad por no vivir allá-, lo cual es bueno/malo.

Al principio es chistoso, se ríen de las bobadas que digo, genero controversia en los adultos por mis temas libertinos o sexuales, averiguan sobre mi vida privada y luego terminamos contando las mismas historias de infancia. La combinación de todo lo anterior nos llevó al no respetado tema últimamente sobre mi decisión de no tener hijos.

Uno de los argumentos más fuertes que tengo -como si no fuera suficiente con NO QUERER TENER HIJOS- es la asquerosidad de los niños. Yo tuve un papá, por ejemplo, muy dado para la paternidad: no le daba asco cambiar pañales, no le daba asco probar leche materna, no le daba asco si le vomitaba encima, él sólo me cuidaba y me quería -en pasado- y mi recuerdo más asqueroso, pero inocente en su tiempo, era cuando comencé a comer comida sólida. 

Me acuerdo mucho que cuando comencé a comer carne, que nunca ha sido una experiencia agradable, tenía que tener ciertas características porque por ejemplo nunca era capaz de masticar carne de res o carne con gorditos. Nos dimos cuenta cuando alguna vez, comiendo carne de cerdo con gorditos -los cuales me parecen muy agradables a la vista, en carne y en humanitos-, yo seguramente introduje una gran cantidad de carne en mi boca y no sirvieron las famosas 10 masticadas por lado y lado porque no era capaz de terminar de triturar ese pedazo y mucho menos tragarlo -de ahí también que lo mío no sea meterme cosas grandes a la boca, sobre todo humanitas-, entonces mi papá me dijo que me lo sacara de la boca y que no me lo comiera. El caso es que él sí se lo comió...

ÉL SE LO COMIÓ, SE COMIÓ MI GORDITO MASTICADO, ES EL PUTO RECUERDO MÁS ASQUEROSO QUE TENGO Y ME PARECE INCREÍBLE QUE ÉL HUBIERA HECHO ESO Y YO JAMÁS HARÍA ESO POR NADIE, GAS, GAS, RE GAS.

Pues eso fue lo que le terminé contando a mi familia, que de chiquita no me pasaban los gorditos, pero no pensé dos veces lo que dije después de eso y nunca me habían hecho sonrojar con una cosa tan cotidiana, para mí. Les dije que de chiquita no me pasaban los gorditos, pero que ahora sí y todos estallaron de la risa y se siguieron riendo por un buen rato y casi que no lo superaron en toda la noche y me siento como una comediante exitosa o algo.

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