Vivaqueando
Comenzó el día con el estrepitoso
rugido de la alarma marcando las 6:00 de la mañana en el celular. Ella
rápidamente –y algo asustada– lo tomó y siguió la instrucción de golpear
suavemente la pantalla y arrastrar el dedo hacia la derecha indicándole al
celular que ya había despertado. A su lado, y casi que al mismo tiempo, ella y
su novio estiraron los brazos mientras se desaperezaban haciendo este extraño
ruido de incapacidad bucal y decepción que todos hacemos al despertar.
Un beso en los labios, los
buenos días, un abrazo cómplice que ambos querían que fuera interpretado como
cinco minutos o mejor cinco horas más en la cama, quitada de cobija y
finalmente resignación. Ella tomó la iniciativa y se levantó de la cama sin
dudarlo y con la mirada lo animó a él a que la siguiera. Él preparó el desayuno
mientras ella empacaba los enseres necesarios para la acampada que realizarían
hasta el día siguiente en el cerro más alto de su ciudad [Actividades sociales].
Luego de que cada uno terminó su deber, se sentaron a disfrutar de la comida
caliente, mientras se contaban algunas experiencias en los sueños de la noche
anterior o las expectativas y preocupaciones de la noche que llegaba.
Tomaron una ducha juntos, se
secaron juntos, se vistieron juntos y se sonrieron ante la picardía del otro juntos,
minutos antes de salir. Se fijaron en el estado del clima para todo el día en
el sector al que iban y tomaron dos chaquetas adicionales por si acaso. Ataron
sus cordones, llenaron los termos de agua, cerraron todas las ventanas y
salieron de su casa en busca de la aventura que tendrían por primera vez ese
día. Tomaron el bus, se bajaron casi en la última parada y comenzaron a
caminar, buscando el acceso que los guiaría en la primera parte del sendero
hasta la cima de la montaña. Se tomaron de las manos y con paso suave, pero
seguro, comenzaron a transitar la ruta que habían investigado en internet sobre
este paradisíaco lugar turístico.
Aunque sabían que los
esperaba mínimo cinco horas de camino en pendientes pronunciadas y caminos
rocosos y difíciles para llegar al final, desde los primeros metros empezaron a
rodar las gotas de sudor por frente y espalda. El reporte del clima no había
estado tan correcto y no iba a estar “parcialmente nublado”, sino más bien “claramente
despejado, sin una sola nube que les hiciera sombra y un sol de 36° Celsius que
los iba a derretir mientras subían”. Ambos se quitaron la camiseta, se ayudaron
a ponerse el protector solar en la cara, espalda y hombros, intercambiaron
palabras de aliento y algunos chistes para alivianar la fatiga y siguieron
caminando.
Al ser amantes de la
fotografía, de la naturaleza, del aire limpio y su compañía, hacían paradas
cada 2 o 3 minutos para tomar registro de una nueva flor –tal vez igual a la
anterior– que a ella le había parecido excepcionalmente hermosa, para divisar
el paisaje, para tomarse una “selfie”, para señalar los edificios emblemáticos
que ya se alcanzaban a percibir lejos, para darse un beso, para quitarse un
bicho de encima, para comer un par de bocadillos, para tomar bocanadas de agua
o para volverse a retocar el protector solar. Eso entre paradas extraoficiales
y cortas, pero ya cuando estaban de verdad cansados y angustiados, paraban unos
minutos, se sentaban, restauraban nuevamente su respiración y sus latidos y
seguían escalando [Teoría
sociocultural y Cognición situada].
Al cabo de un poco más de
las cinco horas que les había afirmado la página web, llegaron a la planicie del
final del trayecto que indicaba que habían llegado a su destino. Les
describiré el lugar sólo por fines antojativos: es como en los comerciales de
aventureros en Australia, que van caminando en cámara lenta por una vía
angosta, llena de flora, donde se cuelan algunos rayos de sol entre las ramas
de los árboles, se escuchan los pájaros cantar y siempre hay una canción de
electrónica de fondo toda motivadora y que incita a salir de la casa y explorar,
y cuando llegan al final de la vía, ella gira suavemente y su cabello baila con
el viento mientras se deja ver su sonrisa y felicidad por llegar finalmente a
la playa; así tal cual lo sintieron, como una película de descubrimientos donde
de repente se terminaba ese camino rocoso y cubierto de plantas y se veía un
lugar mucho más despejado y más plano, propicio para acampar y para divisar una
increíble panorámica de la ciudad principal y otras ciudades aledañas.
Se entretuvieron varios
minutos contemplando la vista y luego se pusieron manos a la obra a armar la
carpa en la que dormirían esa noche: desempacar la carpa, desenrollarla,
separar la parte plástica de los tubos metálicos, enlazar los tubos metálicos,
introducirlos correctamente en los espacios de la carpa asignados para ello, limpiar
de piedras y palitos la zona donde se ubicaría la carpa, colocar un plástico
debajo de la carpa, enterrarlos al suelo –carpa y plástico–, atar a dos árboles
un plástico adicional encima de la carpa –de manera que pueda protegerlos en
caso de lluvia–, ubicar el equipaje, acomodar los sleeping e iniciar la fogata [Manipulación de objetos para la representación
cognitiva].
Para iniciar la fogata, ambos
recogieron madera seca de su alrededor y toda la que encontraron cerca a ellos
en el mirador, ella ubicó una vela prendida en el centro de la mancha oscura
cerca a su carpa que indicaba que alguien ya había hecho una fogata en ese
lugar, le explicó detalladamente cada proceso que iba realizando con la
intención de que aprendiera para la
próxima, comenzó a disponer de los palitos y troncos de madera de manera que se
hiciera como una gran pirámide alrededor de la vela que se iría prendiendo a medida
que fueran cogiendo calor, esperaron unos momentos y comenzó la fogata. Él sólo
observaba maravillado lo que ella sabía hacer por experiencia y que él, sin ese
ejemplo, jamás hubiera podido lograr [Procesos
de organización y Aprendiz activo].
Es más, que ninguna otra
especie hubiera podido lograr. Y aquí un pequeño paréntesis: ¿ustedes se han
puesto a pensar en eso? Es casi inexplicable la manera en que, como animales,
desarrollamos nuestras capacidades en tales medidas que nos convertimos en
descubridores y creadores de nuestros propios elementos naturales, como lo son
el fuego en el cuento que estamos leyendo [Cognitivismo
contemporáneo] y mucho más increíble
la manera particular y característica de cada ser humano de aprender a
desarrollar esas habilidades que ya tenemos incorporadas en nuestro instinto después
de unos miles de años de comenzarlas a utilizar. En este caso ella supo que la
manera en la que él aprendería sería presenciando la práctica porque él era muy
buen observador, buen seguidor de instrucciones y un analítico [Profesora y Ambiente de aprendizaje].
La tarde fue trascurriendo,
el sol se fue escondiendo; las risas fueron aumentando, la alegría, la ciudad, la
luna y las chispas alumbraban todo el lugar con cariño y emoción; y se fueron
acoplando a la situación de sólo tenerse a ellos para sobrevivir, para
protegerse, para comunicarse y para aprender. Era un lugar muy alto entonces en
todo momento pasaban corrientes de aire heladas, pero al usar chaquetas cerca a
la fogata, estas se iban calentando más de la cuenta, entonces siempre tuvieron
esa incómoda sensación de frío/calor mientras asaban los chorizos que habían
llevado para la cena.
Llegó la hora de dormir, el
cansancio se apoderaba de sus ojos y de sus músculos, el fuego ya estaba
mostrando sus últimos destellos, se aclaraba cada vez más la noche, surgían más
estrellas en el firmamento y el eco de las copas de los árboles moviéndose era
cada vez más estremecedora. Lo que no sabían era que la noche apenas comenzaba
porque después de tener un agitado encuentro sexual, comenzaron a caer las
gotas de lluvia. Al principio el sonido fue algo arrullador, incluso a ella le
pareció romántico y perfecto para la cómoda noche que esperaban tener, pero
cada vez fueron cayendo más gotas, cada vez fueron cayendo más fuerte y cada
vez era más preocupante la situación. A ella se le había olvidado crear los
canales alrededor de la carpa que desviarían el agua en caso de lluvia –principalmente
porque no esperaban lluvia luego de un día tan soleado, al final el reporte del
clima no estaba tan equivocado– y se inundaron [Enseñanza experiencial y Solución de problemas auténticos].
A pesar de que todo se había
mojado, no era demasiado tarde para hacer la labor que habían olvidado, así que
salieron, se mojaron, hicieron los canales, se desvió el agua y pudieron secar
un poco tapando con las chaquetas adicionales y se acostaron a dormir. La
mañana y la luz llegaron rápido, al igual que los rugidos a causa del hambre. Fue
la oportunidad perfecta para que ella pusiera a prueba lo que él había
observado de su proceso para encender el fuego. Así que él tomó otro pedazo de
vela, lo ubicó en el mismo lugar, acomodó de la misma manera la madera y
esperó. Efectivamente, había conseguido reproducir a cabalidad las enseñanzas
de su mejor maestra [Aprendizaje
significativo y Enfoque instruccional].
Y como todo lo bueno se
acaba, después de desayunar, ambos hicieron un recorrido por el lugar para
tomar muchas más fotos, encontrarse nuevos insectos, aporrearse las piernas con
ramas imperceptiblemente dañinas, seguir disfrutando el paisaje y atreverse a
soñar con volver o planear otra noche en otro lugar que no conozcan.
Finalmente, llegaron a su carpa, la desarmaron –lo cual tomó mucho menos tiempo
que armarla–, la empacaron, recogieron las basuras para dejarlas al principio
del camino donde tomarían el mismo bus de vuelta a casa y donde volverían a su
rutina siendo más ilustrados en temas de naturaleza y donde al fin podrían
compartir sus fotos de esta maravillosa experiencia juntos [Cognitivismo y Constructivismo].
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